Académicas y académicos de la U. de Chile revisitan los 110 años de la obra que transformó la geología mundial.
24 de noviembre, 2025.- Este año se cumplieron 110 años de la primera edición de "El Origen de los Continentes y Océanos" (Die Entstehung der Kontinente und Ozeane), una de las obras más recordadas e influyentes de las ciencias de la Tierra.
El libro, publicado por el científico alemán Alfred Wegener, entregó sustento a lo que, desde el siglo diecisiete, solo era una suposición: que los continentes habían cambiado de posición muchas veces a lo largo del tiempo geológico.
Durante gran parte de la historia, los filósofos naturales comprendieron el devenir de nuestro planeta en términos bíblicos, creacionistas y catastrofistas: el escritor inglés Thomas Burnet popularizó sus ideas geológicas de corte diluviano y el monje francés François Placet aventuró que la separación de América y Europa se produjo por el hundimiento catastrófico de la Atlántida.
Por eso, cuando Wegener apareció en escena con su famosa obra, "fue muy controversial", dice la académica del Departamento de Geología UCHILE, María Isabel Varas. Las ideas movilistas chocaban con las concepciones ortodoxas imperantes a principios de siglo veinte sobre la Tierra.
El principal mérito de "El Origen de los Continentes y Océanos" es que reúne, en un solo volumen, la evidencia dispersa desde distintas áreas del conocimiento (geología, paleontología, climatología, geofísica).
Por ejemplo, Wegener menciona la presencia de fósiles idénticos (p. ej., Lystrosaurus y Mesosaurus) en tierras tan distantes como África, India y la Antártica. También cita la similitud de las rocas de la costa oriental de Brasil con la costa occidental de África.
La única forma de dar sentido a esta evidencia era bajo una perspectiva de fragmentación y separación paulatina de los continentes. Gracias a la evidencia reunida en ese libro, Wegener planteó su teoría de la deriva continental. Sin embargo, sus postulados fueron muy mal recibidos en los círculos de la época porque no eran capaces de explicar el mecanismo que favorecía el movimiento de los continentes.
En resumen, el científico alemán explicó el qué, pero no el cómo.
Su teoría de la deriva continental (Kontinentverschiebungen) caería en el olvido hasta la década del cuarenta del siglo pasado, cuando la tecnología de guerra aumentó nuestro conocimiento de la corteza de la Tierra.
"Una razón importante por la que el debate anterior a la guerra había resultado tan poco concluyente era que desconocíamos casi por completo lo que subyacía a los océanos", escribe Anthony Hallam en su libro A Revolution in The Earth Sciences: From Continental Drift to Plate Tectonics (1973).
La posta sería tomada por los norteamericanos Bruce Heezen, Marie Tharp y Harry Hess. Heezen y Tharp elaboraron el primer mapa detallado de la dorsal mesoatlántica y Hess, geólogo y oficial de la Marina de EE.UU. durante la segunda guerra mundial, mapeó el fondo del oceáno Pacífico mediante tecnología sonar, gracias a lo cual descubrió una rica geografía de dorsales, fosas y montes submarinos.
Al finalizar la guerra y ya en tierra firme, Hess profundizó sus investigaciones y descubrió que la edad y las orientaciones magnéticas de las rocas del fondo marino no eran homogéneas, sino que unas eran más jóvenes que otras e incluso estaban orientadas de forma muy desigual. Esto lo llevó a formular que el fondo marino también se expandía y se desplazaba.
Hess fundamentó, con datos, lo que Wegener había concluido de forma deductiva más de cincuenta años antes. Esto permitió confirmar la propuesta del vapuleado científico alemán y formular una teoría global de los engranajes de nuestro planeta: la tectónica de placas.
"Ya hacia fines de los sesenta, la teoría se comienza a consolidar con las observaciones de la distribución de los terremotos a escala global, los cuales se concentran en los bordes de placas", dice la académica del Departamento de Geología, Alida Pérez-Fodich.
Hoy, gracias a la tecnología satélital y a los miles de estaciones sísmicas en tierra firme, "muchos aspectos de la tectónica de placas se han observado directamente, como el desplazamiento y la geometría de placas subductando en profundidad", dice Andrei Maksymowicz, académico del Departamento de Geofísica.
Pérez-Fodich agrega: "La teoría ya está consolidada. No existe un modelo alternativo mejor, y está completamente aceptada desde al menos 20-30 años donde empezamos a tener observaciones de movimiento de la superficie de la Tierra con las tecnologías satelitales como el GPS o InSAR".
Sin embargo, aún existen algunos puntos de debate. María Isabel Varas describe que aún se cuestiona cómo funciona la Tierra en su interior. "Cómo funciona la convección del manto sigue siendo debatido", dice.
Alida Pérez-Fodich menciona otras incógnitas, como "lo que ocurre con los terremotos y la deformación de la superficie en los Himalayas y el Tibet, los cuales se concentran lejos del borde de placa. Esto no contradice la teoría, pero nos falta cómo entender la dinámica de deformación en los márgenes convergentes entre continentes", dice.
A esto se suman otras interrogantes, de caracter más filosófico. Por ejemplo, a pesar de todo el conocimiento que tenemos sobre nuestro planeta, aún no somos capaces de predecir su comportamiento. "Buena parte de los procesos de nuestro planeta son difíciles de medir y probablemente muchos de ellos son imposibles de predecir", dice Maksymowicz.
Actualmente, el movilismo propuesto por Wegener es el paradigma central de las ciencias de la Tierra, pero "hay muchos episodios en la historia del pensamiento científico donde los paradigmas han sido refutados. Podemos decir efectivamente que vivimos en un paradigma movilista, pero esto siempre está en tensión interna", dice el geólogo UCHILE y filósofo del Politécnico de Milano, Hernán Bobadilla.
"Siempre les digo a mis alumnos que cuando estudié Geología no teníamos idea de la tectónica de placas", dice Francisco Hervé, Profesor Emérito U. de Chile y egresado de la carrera de Geología en 1964. "Hoy pensamos que es imposible que exista otra teoría, pero una teoría no puede mantenerse para siempre", concluye.
Rodrigo López, periodista Geología UCHILE
Publicado el lunes 24 de noviembre de 2025