Investigación en glaciares: más allá de la gestión de recursos hídricos

Se necesita infraestructura y fondos para una adecuada gestión del riesgo por amenazas de origen glaciar.

26 de octubre, 2026.- La avalancha de roca, barro, agua y hielo ocurrida en Nepal el pasado 26 de agosto mató a más de 1.000 personas y avanzó más de 100 km antes de detenerse. Eso es equivalente a la distancia entre Santiago y Placilla, en la Región de Valparaíso. Más que un asunto de turismo o estética, la criósfera, que incluye las masas de hielo, nieve, permafrost, entre otras, es, sobre todo, una materia de seguridad.

Aquí en Chile, el fenómeno de las remociones en masa de origen glaciar ha sido bien documentado en la Patagonia, principalmente producto de la ocurrencia de vaciamientos de lagos de origen glaciar (GLOFs, por sus siglas en inglés), con casos emblemáticos en el lago Cachet 2 (2008-2012), el lago Chileno (2015) y el lago Greve (2020) en las regiones de Aysén y Magallanes. También se han documentado eventos de avalanchas de roca y hielo, como el caso del volcán Yate (1965), que impactó el lago Cabrera, y los desprendimientos de hielo en el volcán Tinguiririca (1994 y 2007), así como el deslizamiento catastrófico del glaciar Aparejo (1980).

En esa misma línea, en 2025, una investigación del Departamento de Geología Uchile demostró la susceptibilidad de remociones en masa de origen glaciar en Chile central.

Gran parte de estos procesos ocurren potenciados por el cambio climático antropogénico, el cual altera el patrón de lluvias y temperatura, lo que puede terminar por desestabilizar las masas glaciares. En Chile ya hemos sido testigos de estos efectos. El tristemente célebre aluvión de la Villa Santa Lucía, en 2017, producido por intensas lluvias que provocaron una avalancha de roca que incluyó restos de un glaciar, dejó un saldo de 21 fallecidos. De modo similar, el aluvión del estero Parraguirre, en 1987, que comenzó como una avalancha de roca en el Cajón del Maipo, tuvo más de 30 fallecidos. Para lograr una adecuada protección de la ciudadanía se requiere un marco regulatorio. "Aunque la experiencia nacional es muy robusta en materia de terremotos, tsunamis y erupciones volcánicas, tenemos un asunto pendiente con las avalanchas glaciares", dice Felipe Ugalde, geólogo y candidato a doctor en el Departamento de Geología U. de Chile.

El problema es que se requieren cuantiosos fondos para alcanzar niveles de protección de los países desarrollados. En el mundo, la infraestructura para el monitoreo de amenazas glaciares es amplia y considera un abanico de recursos que incluyen helicópteros, drones, escáneres láser, sismógrafos y teledetección satelital. Los países líderes en este campo son aquellos situados en los Alpes: Suiza, Francia, Italia y Austria, que destinan millones de dólares a la prevención.

El caso de Suiza es paradigmático, ya que permite trazar una buena hoja de ruta para el futuro, donde el monitoreo de las laderas se lleva a cabo con tecnología de punta con un fuerte énfasis en la prevención. En mayo de 2025, una avalancha de roca y hielo arrasó la localidad de Blatten en Suiza, pero casi todos sus habitantes habían sido evacuados oportunamente gracias a la combinación entre ciencia y política (las autoridades desalojaron la ciudad tras el aviso de los geólogos) y recursos públicos para atender un problema tan importante.

En general, los glaciares están bien identificados. Se estudian de manera intensiva para efectos de la gestión de recursos hídricos, pero no se conoce al detalle su nivel de fragilidad o el curso posible de una eventual remoción en masa.

Existen algunos avances innovadores en la materia, como el proyecto SAGAZ en Patagonia, lo que empuja a un mayor nivel de conocimiento y conciencia en otras regiones más al norte, como la Región de Los Lagos (tercera en número de glaciares a nivel nacional) y los Andes centrales de Chile, con 4% de los glaciares y más de la mitad de la población de nuestro país.

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Publicado el lunes 26 de octubre de 2026